El informe confidencial de la "Isla de los Caníbales" de Nazino
Hoy recordados bajo la Cruz de la Iglesia en conmemoración de los Nuevos Mártires y Confesores de Rusia.
MOSCÚ / ARCHIVOS DESCLASIFICADOS.
En mayo de 1933, los despachos de la OGPU (la policía secreta soviética) procesaron un memorándum de carácter estrictamente confidencial firmado por el instructor político Vasily Velichko. Lo que las páginas describían no era un problema de logística, sino un descenso directo a la barbarie. En una pequeña lengua de tierra rodeada por las aguas heladas del río Obi, en la región de Tomsk, un experimento de deportación masiva terminó quebrando la última frontera de la condición humana: el canibalismo institucionalizado por abandono.
Durante más de sesenta años, la censura estatal sepultó el expediente bajo etiquetas de secreto militar. Hoy, la apertura de los archivos del Politburó permite reconstruir la cronología exacta de una de las crónicas negras más perturbadoras del siglo XX, donde el Estado actuó como el verdugo y el fango siberiano como el escenario del horror.
La crónica de la tragedia no empieza en los bosques de sauces de Siberia, sino en las calles pavimentadas de Moscú y Leningrado. Bajo las órdenes directas de Genrikh Yagoda, jefe de los servicios de seguridad, la policía implementó una campaña agresiva de "limpieza urbana" para eliminar de los centros neurálgicos a los ciudadanos sin pasaporte interno o categorizados como "elementos desclasados".
La arbitrariedad del proceso quedó registrada en las auditorías posteriores del propio partido. Las patrullas arrestaban a cualquiera que no tuviera sus identificaciones encima en el momento exacto de la requisa. Obreros que regresaban de sus turnos, estudiantes en camino a la universidad, inválidos de guerra y ancianos fueron hacinados en vagones de carga sin derecho a fianza ni juicio previo. Para finales de la primavera de 1933, una columna de más de 6.000 prisioneros avanzaba hacia los campos de tránsito siberianos bajo custodia armada.
Rostros del destierro: Grupo de civiles trasladados bajo el plan de colonización forzada en la taiga de Narym, década de 1930.
El desembarco en la nada: El islote 78
El 18 de mayo de 1933, cuatro barcazas de carga fluvial amarraron en la isla de Nazino, una franja pantanosa de apenas tres kilómetros de longitud desprovista de cualquier tipo de edificación, refugio o suministro médico. El balance inicial ya era negativo: 27 civiles habían muerto de frío o inanición durante el trayecto en los botes.
La negligencia administrativa selló el destino de los deportados desde el segundo día. La única provisión entregada por la comandancia fue harina cruda de centeno. Al no contar con hornos, utensilios ni agua potable, los prisioneros se vieron obligados a mezclar el grano con el agua contaminada del río Obi dentro de sus propios zapatos o sombreros para formar una pasta digerible. El tifus y la disentería brotaron de inmediato, transformando el perímetro de la isla en un hospital de campaña a cielo abierto.
Cuando los internos más debilitados intentaron construir balsas improvisadas con ramas de sauce para cruzar los cientos de metros de corriente helada que los separaban de la civilización, los guardias del cordón sanitario dispararon a mansalva desde botes patrulla. Atrapados en un cuello de botella geográfico, la ley y la moral colapsaron en 96 horas.
El desglose del horror: El informe de 11 páginas
El valor documental de este caso radica en que sus pruebas no se basan en rumores coloniales, sino en la transcripción literal del reporte oficial que el instructor Velichko envió directamente al Politburó tras inspeccionar la zona. El documento relata la formación de bandas criminales armadas con trozos de madera y piedras que se apoderaron del control interno de la isla, utilizando los cuerpos de los enfermos como reservas de alimento.
El expediente desclasificado recoge declaraciones explícitas obtenidas durante los interrogatorios a los supervivientes en los meses posteriores:
"Elegían a los que estaban a punto de morir pero que todavía tenían carne. Encontré el cuerpo de una mujer atada a un sauce. Le habían cortado las pantorrillas y los senos mientras aún respiraba. No pudimos hacer nada, los guardias nos prohibían intervenir."
Los registros orales rescatados por investigadores locales en la década de 1990 confirmaron que el impacto de la crónica negra salpicó a las comunidades locales de la orilla opuesta. Los aldeanos de la villa de Nazino testificaron haber visto balsas a la deriva cargadas de restos humanos mutilados, y cómo los cazadores locales encontraban cadáveres enterrados superficialmente en la arena a los que les faltaba tejido muscular limpio.
El cierre del expediente
A mediados de junio de 1933, ante la inminencia de una epidemia incontrolable que amenazaba con propagarse a las guarniciones militares cercanas, el régimen ordenó la evacuación total de la isla. De los 6.114 civiles reportados en los listados originales de desembarco, menos de 2.000 fueron censados con vida en los campos de destino secundarios, presentando cuadros severos de desnutrición, gangrena y traumas psicológicos severos.
La OGPU catalogó los archivos bajo el sello de "Secreto de Estado" y ordenó el desmantelamiento de cualquier registro público. La isla de Nazino pasó a ser conocida en la cartografía negra popular de la región como Ostrov Smerti (La Isla de la Muerte). Su recuperación para las páginas de sucesos e investigación histórica de nuestra sección no responde al morbo, sino a la disección documental de los extremos a los que puede descender un territorio cuando el control social se reduce al aislamiento y la ley de las armas.
Nazino la Isla de la Muerte.1932
Fuentes Documentales y Archivos Periodísticos
Para los investigadores y lectores que deseen profundizar en los legajos oficiales de esta crónica negra, los datos y transcripciones provienen de los siguientes fondos archivísticos desclasificados tras la disolución de la Unión Soviética:
El Informe Velichko (Agosto de 1933): Carta original de 11 páginas remitida por el instructor político Vasily Velichko a Joseph Stalin, Valerian Kuibyshev y Genrikh Yagoda. El documento original se conserva en los Archivos Estatales de la Federación Rusa (GARF), Fondo 9479, Inventario 1, Expediente 515. Contiene los testimonios de los sobrevivientes y la descripción primaria del colapso humano en la isla.
Actas de la Comisión de Liquidación de la OGPU (Septiembre de 1933): Informes internos de control que detallan el conteo de bajas, las raciones de harina de centeno defectuosas y las amonestaciones oficiales a los jefes del campamento por "negligencia criminal". Archivo Central del FSB (Servicio Federal de Seguridad).
Investigación de Campo "Memorial" (1989-2002): Recopilación de testimonios orales, grabaciones magnetofónicas y entrevistas a los ancianos supervivientes de la aldea de Nazino y distritos colindantes del río Obi, realizada por la sociedad de derechos humanos Memorial de Tomsk, liderada por el historiador Nicolas Werth.
El libro de archivo "El Gulag Caníbal" (2007): Monografía periodística basada enteramente en la documentación desclasificada de la era de Stalin, que sacó a la luz pública las minutas completas del Politburó referentes al freno del plan de colonización de Yagoda debido al desastre humanitario en Siberia.
Testimonio del Horror
MOSCÚ / ARCHIVOS DESCLASIFICADOS. En mayo de 1933, los despachos de la OGPU (la policía secreta soviética) procesaron un memorándum de carácter estrictamente confidencial firmado por el instructor político Vasily Velichko. Lo que las páginas describían no era un problema de logística, sino un descenso directo a la barbarie. En una pequeña lengua de tierra rodeada por las aguas heladas del río Obi, en la región de Tomsk, un experimento de deportación masiva terminó quebrando la última frontera de la condición humana: el canibalismo institucionalizado por abandono.
Durante más de sesenta años, la censura estatal sepultó el expediente bajo etiquetas de secreto militar. Hoy, la apertura de los archivos del Politburó permite reconstruir la cronología exacta de una de las crónicas negras más perturbadoras del siglo XX, donde el Estado actuó como el verdugo y el fango siberiano como el escenario del horror.
Las redadas de la cuota: Captura en las capitales
La crónica de la tragedia no empieza en los bosques de sauces de Siberia, sino en las calles pavimentadas de Moscú y Leningrado. Bajo las órdenes directas de Genrikh Yagoda, jefe de los servicios de seguridad, y Matvei Berman, director del GULAG, se ideó un brutal proyecto de ingeniería social diseñado para "reubicar" a dos millones de personas en las remotas estepas siberianas y el Kazajistán soviético. Detrás de la meta de cultivar millones de hectáreas en dos años, el régimen buscaba un objetivo más urgente: encubrir la devastadora hambruna que en ese momento azotaba a Ucrania y otras regiones del país.
Para generar este flujo masivo de "colonos", el gobierno reinstauró el sistema de pasaportes nacionales internos, una herramienta de control previamente prohibida tras el golpe bolchevique de 1917. La policía actuó con una prisa ciega y despiadada. Las patrullas rodeaban mercados y calles, deteniendo a cualquiera que se encontrara fuera de su lugar de registro o careciera de documentos en el acto.
Los testimonios de historia oral recogidos en 1989 por la organización de derechos humanos Memorial exponen la brutal arbitrariedad de las capturas. Feofila Bylina, residente de la zona, recordó el caso de un joven estudiante de Moscú atrapado en una redada de fin de semana mientras iba a visitar a su tía: «Llegué a su apartamento y llamé a la puerta, pero antes de que abriera, me agarraron allí mismo. Me arrestaron porque no llevaba el pasaporte conmigo». En otro punto del país, en el mercado central de Novosibirsk, la policía montó un cordón que atrapó a Kuzma Salnikov, un minero casado y con dos hijos que solo estaba de paso. Sin distinción, él, junto a mujeres y niños, fue arrastrado directamente hacia las barcazas fluviales.
Cuando las primeras 25.000 personas arribaron a Tomsk en abril de 1933, la infraestructura ni siquiera existía; el campo no estaba construido y el deshielo de los ríos Obi y Tom aún impedía moverlos, acumulando los contingentes en un cuello de botella fatal.
Participantes en la expedición a Nazinsky de 1989 organizada por el grupo de derechos humanos MemorialEl desembarco en la nada: El islote 78
El 18 de mayo de 1933, cuatro barcazas amarraron en la isla de Nazino. El balance inicial ya era negativo: 27 civiles habían muerto de frío o inanición en el trayecto. La isla no tenía edificaciones ni suministros médicos. Inmediatamente después de las heladas y la nieve, llegaron lluvias torrenciales y vientos gélidos sobre una población sin abrigo.
La negligencia administrativa selló el destino de los deportados mediante el racionamiento de harina cruda de centeno, distribuida en pocos cientos de gramos cada cuatro o cinco días. El informe clasificado de Velichko describe la desesperación del desembarco: «Tras recibir la ración, la gente corría al agua, la mezclaba con la harina que llevaban en sus sombreros y se la comía. Muchos simplemente comían la harina tal cual, y como era polvo, muchos se asfixiaron al inhalarla». La disentería y el tifus transformaron el perímetro en un osario. Para asegurar el aislamiento, los delincuentes comunes fueron mezclados adrede con los presos políticos, replicando la práctica habitual del Gulag de establecer una atmósfera de terror interno.
El desglose del horror: La disección de los interrogatorios
El verdadero valor criminalístico del caso radica en las actas de interrogatorio conservadas en el museo del Gulag de Tomsk, donde los delincuentes comunes detallaron la frialdad de sus métodos de subsistencia. Cuando los oficiales interrogaron a uno de los reclusos sobre los cargos de antropofagia, la respuesta quedó asentada en el acta con escalofriante naturalidad:
—No, eso no es cierto. Yo solo comía hígados y corazones. Fue muy sencillo. Igual que el shashlik. Hicimos brochetas con ramas de sauce, lo cortamos en trozos, lo ensartamos en las brochetas y lo asamos sobre la hoguera. Elegí a aquellos que no estaban del todo vivos, pero tampoco del todo muertos... Era obvio que estaban a punto de morir; que en uno o dos días se rendirían. Así que fue más fácil para ellos. Ahora. Rápido. Sin sufrir durante dos o tres días más.
Las agresiones no se detuvieron en el canibalismo. Otros expedientes describen bandas dedicadas a torturar y golpear a los internos moribundos para arrancarles las prótesis dentales de oro. «Para conseguir cigarrillos», declaró uno de los criminales al ser cuestionado. «La gente necesita fumar. De los guardias podías conseguir una caja de cerillas de tabaco o dos periódicos enteros para liar cigarrillos».
Los civiles de las aldeas cercanas presenciaron las secuelas físicas de este régimen. Feofila Bylina dejó constancia del estado de una de las mujeres que logró salir de la isla para ser transferida a otro campo: «La llevaron a la trastienda para pasar la noche y vi que le habían cortado las pantorrillas. Le pregunté y me dijo: "Me hicieron lo mismo en la Isla de la Muerte: me las cortaron y las cocinaron". Le habían cortado toda la carne... Parecía una anciana, pero en realidad tenía poco más de 40 años».
El cierre del expediente y el destino de Velichko
Hacia julio de 1933, la isla de Nazino fue finalmente evacuada; de la masa original de deportados, una ínfima fracción fue considerada apta para continuar en los frentes de trabajo. Cuando Velichko inspeccionó el islote en agosto, la naturaleza ya cubría la fosa común. «La hierba de la isla llegaba a la altura de una persona», reportó. «Pero los lugareños que fueron allí a recoger bayas regresaron tras descubrir cadáveres entre la hierba y refugios de palos llenos de esqueletos».
El pillaje persistió incluso tras el abandono del sitio. Taisia Chokarevaya, pobladora de Nazino que acudía a la zona a cortar heno, describió el mercado negro derivado de la tragedia: «Me tapaba la nariz... Vi que recogían dientes de oro. En Aleksandrovsk había entonces una tienda estatal. Llevaban el oro allí. Tenían ropa bonita, macarrones y buena comida».
El impacto del informe de 11 páginas provocó el envío de una comisión especial desde Moscú que confirmó las atrocidades. No obstante, la resolución del caso reflejó la opacidad del sistema: el expediente se archivó bajo estricto secreto, los funcionarios del campo recibieron condenas menores de entre uno y tres años de prisión, y el propio Vasily Velichko fue despedido de su aparato político.
Reconvertido en corresponsal de guerra, Velichko marchó con el Ejército Rojo hasta Berlín y alcanzó notoriedad firmando novelas que celebraban el desarrollo industrial de Siberia. Sin embargo, en sus escritos públicos de posguerra, mantuvo un silencio absoluto sobre los detalles de la Isla Caníbal, clausurando formalmente uno de los episodios más oscuros del archivo criminal soviético.
Documental de investigación y reconstrucción cartográfica sobre el expediente secreto de la Isla de la Muerte.




